Introducción
México atraviesa por una interesante evolución retórica, emanada de las distintas coyunturas que se han gestado durante los últimos seis a ocho años, y que han empezado a consolidarse en los terrenos político, social e internacional particularmente a partir de éste, el 2012.
La decisión de la administración de Felipe Calderón Hinojosa de combatir abiertamente al narcotráfico tuvo consecuencias considerables, no solamente en el incremento de la violencia y la aparición latente de fisuras en el pacto social, sino particularmente en la percepción que tanto los mexicanos, como la comunidad internacional, tenemos actualmente de nuestro país. Más allá de juzgar los éxitos o fracasos de esta política, se advierten en el presente escrito las consecuencias discursivas que tuvo la decisión del Ejecutivo de abrir una lucha en contra del crimen organizado en México como contenedor de significado.
Específicamente en derechos políticos de segunda generación, el sistema mexicano no sólo disminuyó su inercia positiva rumbo a la consolidación democrática sino que sufrió importantes retrocesos. Después de una década de haber catalogado a México como país libre en su reporte anual “Libertad en el Mundo”, la casa evaluadora Freedom House redujo la calidad de nuestro país a “parcialmente libre” a partir de 2011, haciendo hincapié en el riesgo que corre actualmente la libertad de prensa en el país, el aumento de la violencia armada y la impunidad por el desgaste del Estado de Derecho.[1] En América Latina, se trata de la misma calificación que recibieron países como Venezuela, Ecuador y Bolivia. Transparencia Internacional redujo la calificación en percepción de corrupción de nuestro país a 34 (con una posición de 105). La confianza de los mexicanos en las instituciones disminuyó (o permaneció a la baja) en prácticamente todos los casos, destacando la reducción en 17 puntos porcentuales en el caso del Ejército Mexicano. Por último, se observó un importante incremento en violación a Derechos Humanos y quejas presentadas ante la CNDH en coincidencia con la declaratoria de lucha en contra del crimen organizado. En cinco años el número de presuntas violaciones a los derechos humanos por parte del personal del Ejército y la Marina aumentaron 931.3% y 1,962.5%, respectivamente.[2]
En este contexto, el 1 de julio, el candidato de la coalición Compromiso por México, Enrique Peña Nieto, resultó vencedor en las elecciones presidenciales con 38.21% de la votación total efectiva; al rendir protesta ante el Congreso de la Unión, cinco meses más tarde, consolida el regreso del Partido Revolucionario Institucional a Los Pinos.
Como consecuencia de ello, se gesta un importante debate en las esferas de análisis sobre el sentido que puede dar este suceso a la evolución social y política de nuestro país. Particularmente se generan importantes expectativas respecto a tres temas coyunturales en la agenda nacional:
Por un lado, el cambio o no en la estrategia del Gobierno Federal en la lucha contra el crimen organizado; la prioridad que ésta tendrá en la agenda del nuevo Gobierno y sus consecuencias en los niveles de violencia que el país ha vivido desde el 2006.
En un segundo plano, se abre una discusión sobre las consecuencias políticas que podría tener el regreso del Partido Revolucionario Institucional a la Presidencia. El hecho permitirá juzgar, necesariamente, la solidez de la democracia mexicana, la consolidación de una sociedad civil como participante activo de la toma de decisiones, y la madurez que hayan adquirido o no, tanto la clase política como las instituciones, en las últimas dos décadas.
En tercer lugar, se abre una discusión de carácter institucional. Desde el periodo de transición, y en las menos de tres semanas que Enrique Peña Nieto a estado oficialmente a cargo del Ejecutivo, se han hecho notar importantes cambios en las relaciones, tanto de los Poderes de la Unión, como del Gobierno con los partidos de oposición. Si bien la opinión pública ha recibido favorablemente la fluidez legislativa y la inmediatez en la implementación de políticas públicas, queda pendiente el análisis de los factores que han hecho esto posible. Entre ellos, no está de menos mencionar la evolución reciente de la estructura de la izquierda, la nueva configuración del neocorporativismo en el quehacer político, la participación activa de medios de comunicación y diversos actores de la sociedad civil en el impulso de la agenda política, la experiencia y capacidad de operación política del Revolucionario Institucional, tanto en Los Pinos como en ambas Cámaras y el entorno internacional en el que México se sitúa como posible potencia emergente.
Más que pretender hacer un análisis de los impactos que estos tres temas podrían tener en el desarrollo social, económico y político de México durante los próximos seis años, el presente artículo parte de estas bases para analizar la manera en que nuestro país transita discursivamente entre su todavía vigente retórica de lucha por recuperar el orden social y una posible nueva faceta semántica tanto al interior de nuestro país, como en el orden global.
El Fin de la Guerra
El eje temático de la administración que concluyó el 30 de noviembre fue la lucha contra el crimen organizado; a partir del 11 de diciembre de 2006, cuando el entonces Presidente Calderón, anunció la Operación Conjunta Michoacán, la “guerra” contra el narcotráfico ocupó un lugar prioritario en la agenda pública nacional. Más que la reducción o aumento en los niveles de consumo, el número de presuntos culpables detenidos, asesinatos, toneladas de droga incautada y quejas por violaciones a Derechos Humanos, se convirtieron en titulares comunes tanto en los medios de comunicación, como en la comunicación social de la misma Presidencia. Es comprobable que el Gobierno Federal recurrió al uso activo de este tema como herramienta de legitimación política por lo menos durante la primera mitad del sexenio.[3] Esto tuvo consecuencias que más allá del desempeño del sector turístico y la inversión extranjera directa, se vieron reflejadas en la desfavorable evolución del nombre de México a nivel internacional.
Se observa a partir del 1 de diciembre, una notable reducción, si no necesariamente en el número de acciones y operativos llevados a cabo por el Gobierno Federal, sí en el uso del tema en el discurso oficial. La administración del Presidente Peña Nieto toma importantes decisiones desde el periodo de transición para desvincular a la lucha contra el narcotráfico como corolario nacional. Entre ellas, destacan:
- La iniciativa que presenta el diputado José Sergio Manzur Quiroga, suscrita por integrantes de los Grupos Parlamentarios del PRI y del PVEM para reformar la Ley Orgánica de la Administración Pública Federal, a través de la cual la Secretaría de Seguridad Pública es absorbida por la Secretaría de Gobernación.
- La decisión del Ejecutivo de desistirse de la controversia constitucional sobre la Ley General de Víctimas, y como consecuencia, su publicación en el Diario Oficial.
- La nueva estrategia presentada ante el Consejo de Seguridad Pública el pasado 17 de diciembre, en la que destacan la planeación estratégica, una nueva configuración regional y la prevención del delito.
- El anuncio que como nuevo Procurador General de la República, Jesús Murillo Karam hace de revisar la figura del arraigo y su implementación, algo particularmente desvinculante de la visión que la administración anterior tenía respecto a las funciones de la PGR.
Si bien no es posible advertir una mayor o menor injerencia del Gobierno Federal en la lucha contra el narcotráfico, o evaluar el éxito o fracaso de la implementación de las nuevas estructuras administrativas, se denota de las anteriores una democión del tema en cuestión discursiva.
Reestructuración del mapa político
A partir de los resultados electorales del 1 de julio, se da una importante reestructuración del mapa político mexicano. La derrota de la coalición de partidos de izquierda, concluyó una escisión de la que surge el Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA). Simultáneamente, se observa un cambio discursivo del Partido de la Revolución Democrática cuyos integrantes, en su mayoría, deciden dar un cauce más institucional a su quehacer político y un viraje hacia una retórica progresista y socialdemócrata.
Por su parte, el Partido Acción Nacional tiene una importante reducción en sus cuadros políticos cuando ocurre el proceso para refrendar su militancia partidista, así como en el respaldo que la ciudadanía había dado a su plataforma política. Será importante observar la manera en que ocurrirá la renovación de su dirigencia durante el primer trimestre del 2013.
Es igualmente importante destacar que además de haber obtenido el triunfo en las elecciones presidenciales, los partidos PRI y PVEM mantienen actualmente la titularidad de 21 de los gobiernos estatales. Además, el Revolucionario Institucional y el Verde Ecologista cuentan con 48% de las curules en la Cámara de Diputados, con 241 legisladores; en la cámara alta, 54 senadores son del PRI y 7 pertenecen al PVEM.
Todo lo anterior, ha provocado un ambiente propicio para la consolidación de acuerdos afines a la agenda política de la Presidencia. En las últimas semanas, destaca la firma del Pacto por México, la aprobación de la reforma laboral; la reforma educativa (hasta el momento en la Cámara Baja); la Ley de Ingresos, la reforma en materia de Transparencia (en la Cánmara Alta) y los cambios a la Ley Orgánica de la Administración Pública Federal.
Es importante destacar que el Gobierno Federal ha hecho público su interés por presentar iniciativas en materia energética y hacendaria el próximo año, que podrían ser aprobadas de continuar el clima político actual en las cámaras; es relevante hacer notar que este comportamiento legislativo es atípico en la configuración plural que existe en el Congreso desde 1997.
Eficiencia Administrativa en Federalismo
De manera simultánea a la reestructuración del mapa político, sobresalen los cambios que se han dado también a nivel administrativo dentro del Gobierno Federal, y los que podrían ocurrir de ser aprobadas las reformas que aún quedan pendientes en materia de transparencia y rendición de cuentas. En su mayoría, dichos cambios tienen una importante tendencia a unificar la toma de decisiones, homologar sistemas y códigos y promover la eficiencia por encima de la pluralidad.
Entre los más destacados están la reestructuración de la Administración Pública Federal para ampliar las facultades de la Secretaría de Gobernación; la creación de la Gendarmería Nacional; el planteamiento de la unificación de Códigos Penales y de Procedimientos en el país y la homologación de órganos y normas para el acceso a la información. Asimismo, las iniciativas presentadas en materia de transparencia y de educación pretendieron facultar al Presidente de la República para la asignación (directa o indirecta) de cargos clave en la Comisión Anticorrupción y en el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación.
Si bien ninguna de estas acciones atenta, por sí misma, contra la democracia, es natural que sean vistas tanto por miembros de la oposición, como por un sector de la academia, con cautela y sospecha. Queda como reto de la presente administración disolver las connotaciones de centralización que se le dan a sus acciones a causa de la semántica que envuelve históricamente al Partido Revolucionario Institucional. Para ello, el Gobierno del Presidente Peña Nieto ha enfatizado en diversas ocasiones la importancia del federalismo en la aprobación de las reformas Constitucionales, la regionalización de las estrategias de seguridad y la no injerencia del Gobierno Federal con operativos a menos que los Gobiernos locales lo soliciten; al mismo tiempo, esta nueva estructura administrativa podría significar un importante avance en la capacidad de gestión gubernamental para atender necesidades estructurales, reducir costos y lograr objetivos en materia económica y de desarrollo social.
Oportunidades de viraje en el significado de México
México tiene una oportunidad coyuntural para transformarse como contenedor de significados. En el presente artículo no se ha pretendido juzgar las decisiones de la administración actual, ni de la anterior; el objetivo del presente trabajo no es, mucho menos, emitir una evaluación de las políticas públicas implementadas en materia de seguridad, de desarrollo social o económicas; tampoco se ha buscado hacer un juicio de la circunstancia política que atraviesa el país y de las ventajas o desventajas que podría tener el hecho de que un Presidente emanado del Partido Revolucionario Institucional ocupe actualmente la Presidencia de la República.
Lo planteado a través de estas páginas da las bases necesarias para esbozar la forma en que la actual transición política y social que vive nuestro país ha generado un clima propicio para que nuestro país sufra un viraje en el sentido retórico que hoy contiene.
Si bien la agenda de comunicación social del Gobierno Federal no puede dictar la manera en que se dará este proceso, y será en muchas ocasiones observadora, más que participante activo, de la toma de decisiones en políticas públicas e implementación de programas, su papel en la reasignación de valor de sentido y encuadre del quehacer público, será fundamental para el desarrollo de una modificación positiva en la imagen pública nacional.
Como se ha explicado a lo largo del presente artículo, las condiciones políticas y administrativas existen para que se impulse esta modificación. Dependerá de la atinada implementación de políticas y programas por parte de la Administración Federal, así como de la capacidad política de sus actores e instituciones, que el Gobierno Federal siga contando con el clima propicio que actualmente tiene, para poder ser el actor principal en el establecimiento de la agenda pública; sin embargo, de lograrlo, México podría transitar discursivamente de su actual imagen, como un país en lucha, en el que la corrupción, la impunidad, la falta de acuerdos políticos y un débil Estado de Derecho limitan el desarrollo económico y social. El nuevo significado que adquiera, tanto en el contexto nacional como frente al mundo, será el resultado de la coexistencia de fuerzas políticas, agendas de actores públicos y privados, y factores exógenos al sistema político mexicano; sin embargo, el contexto presenta importantes oportunidades para que éste sea favorable, y pueda ser impulsado por la agenda temática que ha sido delineada en el Pacto por México.
Los cambios empiezan a hacerse notar. Mientras que anteriormente los titulares de la prensa extranjera hacían mención recurrente de la violencia, inseguridad y corrupción en nuestro país, hoy el mundo ha comenzado a ver a México con otros ojos. En un artículo publicado el 24 de noviembre de este año, The Economist afirmó que éste podría ser el momento clave para el nuevo amanecer de México como una de las economías más importantes del mundo.[4] La transformación discursiva ha comenzado.
México, D.F. a 21 de diciembre de 2012
[1] http://www.freedomhouse.org/report-types/freedom-world
[2] Encuesta Nacional sobre Percepción de Inseguridad Ciudadana en México. Consulta Mitofsky, Marzo de 2012.
[3] El autor publicó un artículo de investigación en junio de 2010 titulado “La guerra de Felipe Calderón y su aprobación: el uso del discurso del narcotráfico en la imagen presidencial” en el que se analiza con mayor profundidad este tema.
[4] WAINWRIGHT, Tom. From Darkness, dawn. The Economist. 24 de noviembre de 2012.