En los últimos 90 días, cuatro grupos políticos lanzaron campañas de imagen pública para persuadir al electorado de sufragar en favor de ellos.
Los discursos, con sus altibajos, fueron muy claros: compromisos por México, un cambio verdadero, el poder de las mujeres y en favor de las reformas estructurales. Cada uno repetido un millón de veces en plazas públicas, a través de spots en la radio y la televisión, en foros de discusión y en pláticas casuales entre la ciudadanía; taladrados en nuestra memoria para no olvidar lo que cada candidato tomó como bastión de su campaña.
Lo cierto es que los cuatro discursos, al igual que en cualquier otra democracia, no deben ser tomados más que como eso: palabras cautelosamente medidas y cuidadas para atraer al electorado. La retórica que cada candidato escogió lleva detrás un estudio de lo que conviene a sus intereses y a sus necesidades políticas: atraer a los jóvenes, a aquellos de escolaridad alta o baja, a las madres solteras, a la clase media…
Y es que la política es un arte que utiliza al discurso como el pincel para trazar una imagen.
No digo que no sea cierto que cada partido o coalición tenga un proyecto distinto; ni que el efecto de que gane uno u otro sea marginal. Lo cierto es que miles de puestos de confianza son reasignados en la administración pública con el cambio de poder; recursos serán redirigidos; programas públicos son creados; iniciativas son enviadas al Congreso y dependiendo del resultado en las cámaras, podrían cambiar las estructuras institucionales en las que vivimos día con día.
Pero ninguno de los candidatos será capaz de inventar el hilo negro.
¿Qué nos queda entonces a los ciudadanos? ¿Por quién votar si esto es cierto?
Votar por Gabriel Quadri. Votar por Josefina Vázquez Mota. Votar por Enrique Peña Nieto. Votar por Andrés Manuel López Obrador.
Pero lo más importante, votar por continuar involucrados en la vida pública del país después del 1 de Julio.
Votar porque el activismo de los jóvenes, de las amas de casa, de la clase media o de cualquier ciudadano de nuestro país, haya despertado un poco más en estos 90 días y sea capaz de sobrevivir el fin de este proceso electoral.
Las democracias maduras entienden que los cambios sustanciales no vienen de liderazgos sino de procesos en los que la participación ciudadana ocurre de manera sostenida; la transformación del país no es cuestión de color ni discurso; es el resultado de la autocrítica constante, el empoderamiento del individuo y la participación corresponsable.
Si algo de esto aprendimos en estos 90 días, gane quien gane el 1 de Julio, avanzaremos como Nación.
Tweet
Daniel Berezowsky es Licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad Iberoamericana. Cuenta con estudios en el Instituto de Estudios Políticos de París y en la Vancouver Film School. Su experiencia incluye el Poder Legislativo, la Administración Pública Federal, la prensa escrita y el cine. Actualmente colabora todos los sábados con el diario El Horizonte.
Mi voto extranjero fue por AMLO. lo que puedo ver de aquí es que muchos ya se acostumbraron a vivir con un gobierno corrupto como el PRI. y eso no esta bien yo vivo en USA y la verdad es que en mexico si existe las posibilidades de estar a la altura de EUA.