El nuevo PRI ya trae un aroma bastante añejo. Todavía a varios meses de la transición, el partido ya empezó a mostrar su verdadero rostro.
En las últimas semanas, tanto Enrique Peña Nieto, como los altos nombres del Revolucionario Institucional, se han dedicado a mover fichas para preparar su regreso a Los Pinos. La manera en que esto ha sucedido no hace sino recordar las prácticas que por décadas fueron utilizadas por el tricolor.
Los herméticos cónclaves para la toma de decisiones resultan en una aparente “unanimidad” en la toma de decisiones. Nadie difiere; nadie propone; y todos en silencio, salen mejor en la foto. La forma en que se eligió a Manlio Fabio Beltrones y a Emilio Gamboa para coordinar a las bancadas legislativas es solamente una muestra. Quienes aspiraban, declinaron; quienes disentían, pactaron (o fueron pactados) y quienes proponían, no escucharon eco a sus voces.
Pero hay algo que el nuevo PRI sí entiende. Enrique Peña nieto está muy consciente de que el dinosaurio necesita maquillarse mejor para mantener (o para recuperar) la legitimidad que la actual democracia mexicana le exige.
Si bien sus adversarios políticos han perdido fuerza (el discurso de fraude de AMLO sufre de un desgaste difícil de corregir y el movimiento Yo Soy 132 se encuentra diluido e infiltrado), es cierto que Peña llegará a Los Pinos con una de las tasas de legitimidad más bajas de las últimas tres décadas.
La réplica del nuevo Presidente no se ha hecho esperar. A sabiendas de que la imagen priísta sigue manchada por los tintes autoritarios y corruptos que lo han distinguido, el equipo cercano a Peña ya lanzó el anzuelo: la propuesta de crear una Comisión Nacional Anticorrupción; una ambigua “instancia ciudadana para supervisar la contratación de publicidad gubernamental” y una reforma para ampliar las atribuciones de la Auditoría Superior de la Federación. Todas éstas, por cierto, apelando a la “renovación moral” que López Obrador utilizó como bandera de campaña.
Los parches tienen sello de maquila priísta: son soluciones institucionales que solamente engrosarán a los organismos burocráticos, se quedan en la ambigüedad que sus autores le quieren dar y no avanzan en el empoderamiento ciudadano.
En las próximas semanas, Enrique Peña Nieto será declarado Presidente Electo de México e iniciará oficialmente el periodo de transición. Estamos por ver lo mucho que aprendió el PRI estos doce años sobre estrategia política, y lo poco que ha cambiado su realpolitik.
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Daniel Berezowsky es Licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad Iberoamericana. Cuenta con estudios en el Instituto de Estudios Políticos de París y en la Vancouver Film School. Su experiencia incluye el Poder Legislativo, la Administración Pública Federal, la prensa escrita y el cine. Actualmente colabora todos los sábados con el diario El Horizonte.